VENERABLES PRÓCERES





                                                VENERABLES PRÓCERES


    William Jefferson Bill Clinton


   Probablemente sea el presidente de los EEUU que más y mejor ha reído públicamente. De aspecto cuidado y rostro agradable, siempre joven y nunca definitivamente asentado, conserva en su mirada, sin duda bondadosa, todos los juegos de su niñez y sus aventuras juveniles. Tan solo desentona esa nariz que quiere señalarnos la rinitis alérgica que afecta al ex-presidente.

   Cuentan que siendo muy joven le produjo una gran impresión el discurso “I Have a Dream” que pronunció Martin Luther King en Washington y que lo decidió a dedicarse a la política. También cuentan que se opuso a la guerra de Vietnam por razones políticas y morales, sin que esa oposición lo llevara más allá de marchar a estudiar a Inglaterra (University College de Oxford) eludiendo así el servicio militar obligatorio y, claro, la posibilidad de ser destinado a Vietnam.

   Nadie diría que toca el saxofón y mucho menos que su obra literaria favorita sea “Cien años de soledad”. Podríamos suponer que lloró ante la magistral descripción que realiza Garcia Marquéz de la “masacre de las bananeras” ( Ciénaga 1928) a cuenta de la United Fruit Company, pero dada la trayectoria de su presidencia y la historia de su nación, deberemos concluir que no fue así, porque de lo contrario aún hoy estaría bañado por las lágrimas.

   Gran seductor de multitudes se le llamó en ocasiones “el irresistible Clinton”. Lo demostró en el célebre despacho oval con la becaria Mónica Lewinsky que, al parecer, no era buena saxofonista pero si experta sopladora de flauta. El asunto no debió dejar marcas en la memoria de Clinton porque negó todo ante la comisión del congreso que lo investigaba, pero sí dejó algunas manchas en el vestido de la Lewinsky que casi le cuestan el cargo.

   En pleno proceso de impeachament, acusado de once cargos, entre ellos mentir al congreso, decide reconquistar el aprecio de sus conciudadanos, y como en USA no existe mérito mayor para incrementar la popularidad del “comandante en jefe” que una buena guerra sin enojosas bajas propias, optó por bombardear Irak durante varios meses. No se conoce el número de daños colaterales irakíes.

   Como tampoco se conoce el número de víctimas cubanas que ha provocado la Ley Helms-Burton, impulsada por Clinton, que impuso nuevas sanciones a Cuba en el marco del bloqueo a la isla, convirtiéndolo prácticamente en bloqueo total.

   Poco después ordena los ataques de la OTAN a Kosovo y Serbia. Los misiles de crucero lanzados desde buques en el Mediterráneo o desde Italia asolan las dos regiones yugoeslavas, y sobre todo, Belgrado. Las misiones de combate de los aviones de la OTAN llegan a las 38.000. El número de daños colaterales-víctimas-seres humanos asesinados es, como siempre, desconocido, aunque pueden contabilizarse en decenas de miles.

   No puede uno confiar en nuestros venerables próceres, ni en una mirada bondadosa, una expresión de buen humor o una risa franca, detrás  puede ocultarse un excenletísimo canalla.





















George Walker Bush


La sonrisa discretamente asimétrica, los ojos medio entornados, la esclerótica algo rojiza y las arrugas en los ojos, confirman que nos encontramos ante un pillo, tosco pero astuto, probable juerguista contumaz. Las orejas grandes y separadas del rostro bastarían para que Lombroso escribiera un capítulo entero de su teoría del criminal nato.
Feliz por haberse conocido y también por haberse reconocido prototipo del americano medio, no duda en demostrárnoslo repitiendo en la solapa su enseña nacional.

Se licenció en letras en la elitista Universidad de Yale donde su máximo galardón fue pertenecer a la sociedad Shulk & Bones (calaveras y huesos), a la que antes estuvieron adscritos otros presidentes, senadores o jueces de la corte suprema. Esa sociedad secreta al peor estilo masónico, a la que solo pueden pertenecer los cachorros de las familias más influyentes, configura un sistema mafioso de apoyo y ayuda mutua de por vida. Seguramente aquí aprendió que los negros destiñen y conviene limpiarse las manos con cualquier camisa inoportunamente próxima.

Su mayo del 68 consistió en enrolarse en la Guardia Nacional Aérea de Texas evitando ir a Vietnam.

Simultaneó en su juventud las juergas y los negocios, destacando únicamente en las primeras y arruinándose con los segundos. De esa juventud conserva un caminar supuestamente marcial que no puede ocultar cierta descoordinación de movimientos producto de muchas noches de alcohol e improbable sexo.
Nunca destacó en nada. Mantiene un pronunciado acento rural texano y comete constantes equivocaciones en el léxico que no explican como llegó a gobernador primero y presidente después, salvo quizá por ser la mímesis perfecta de una ciudadanía mayoritariamente religiosa y desconfiada y recelosa con los intelectuales.
La cámara de Michel Moore lo captó en el momento que recibía la noticia del 11s quieto, perplejo y dubitativo durante minutos, indecisa estatua de un presidente. Proclamó cual dios vengativo la “justicia infinita” pero tuvo que desacralizarse y conformarse con una simple “libertad duradera”.
Invadió Afganistán y después Irak sin acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU, ocasionando más de 600.000 víctimas en estas penúltimas guerras del imperio. Apareció a bordo de un portaaviones el 1 de mayo del 2003 proclamando una falsa victoria en Irak, pero no apareció por Nueva Orleans tras su destrucción por el huracán Katrina hasta cuatro días después del desastre.
Benjamín Ferencz, que fue fiscal jefe en los juicios de Nüremberg contra los criminales nazis, afirmó que debería ser juzgado por guerra de agresión, el mayor crimen posible según los principios de Nüremberg. Pero no será así. Los EEUU han invadido ya muchos países sin la aprobación del Consejo de Seguridad: Vietnam, Haití, Kosovo, Panamá, Granada. El banquillo de los acusados por guerras de agresión se parecería demasiado al camarote de los hermanos Marx.

Tiempo muerto el de su presidencia. Tras él solo ha quedado más guerra, más muerte, más miedo, más destrucción y los fantasmas de las armas de destrucción masiva y Ben Laden recorriendo el mundo.