domingo, 16 de octubre de 2011





¿COPAGO O REPAGO?


La pregunta no es baladí ya que en la práctica pagamos todos nuestra sanidad a través de los impuestos. A cuento de qué llamar copago a lo que es en realidad volver a pagar por un servicio ya costeado por nosotros. Como sabemos que el lenguaje nunca es inocente, queremos destacar esta contradicción que intenta justificar una posición ideológica que asume, por principio, que resulta imposible sufragar la sanidad exclusivamente a través de los presupuestos estatales. Pero, ¿es cierta esa aseveración?.

Si realizamos una sencilla comparación con los países de nuestro entorno, veremos que estos gastan alrededor del 9% de su PIB en el sostenimiento de su sanidad pública, mientras España solo el 7% en el mismo menester. Luego todavía tenemos un amplio margen diferencial con respecto a la mayoría de la UE a 15 (países con los que deberíamos compararnos y converger).

Pero en el fondo de lo que se trata es de evitar plantear el problema de la forma más integradora socialmente: sí se precisan más aportaciones habrá que sacarlas de donde estas están, de la contribución fiscal de los más ricos, de forma que cumplamos el mandato constitucional de la función social de la riqueza. Eso es lo que no quiere plantearse.

Además, el repago, no puede contribuir a financiar la sanidad y sí, únicamente, a que esta sea más discriminatoria. Veámoslo.

Todos los expertos progresistas coinciden en que de instaurarse la fórmula del repago, esta tendría que ser exclusivamente circunscrita a determinados procesos asistenciales -por ejemplo, visitas al especialista-, ya que en otros servicios es imposible -por ejemplo, urgencias, que por principio debe estar abierta a cualquier paciente, incluso desde un punto de vista deontológico- y ser de escasa cuantía. En estas condiciones, probablemente sea más caro el aparato burocrático necesario para el cobro que el beneficio obtenido. Y a quién no pague, ¿se le va a denegar la asistencia?, ¿se va a pasar a vía ejecutiva por unos 4 o 5 euros?, ¡ que disparate!.

Y es discriminatoria porque solo puede disuadir de acudir a un servicio sanitario determinado a aquellas personas en peor situación económica. Los ciudadanos con una mejor estabilidad económica no van a dejar de acudir a la atención sanitaria por culpa del repago, con lo que el argumento esgrimido por los partidarios del repago de disminuir las atenciones innecesarias se cae por su peso. Además, habría que ver quién está capacitado para decidir que una determinada atención es innecesaria. No parece que deba ser el propio paciente, y menos mediatizado por cuestiones económicas. Deberá decidirlo un facultativo tras un acto asistencial. Hacerlo recaer sobre otras instancias no parece nada racional.

Así que el repago no debería implantarse en todo aquello que tenga que ver con actos asistenciales. ¿Puede aplicarse en otros aspectos del proceso asistencial?. Sí, claro. De hecho ya existe en el ámbito del medicamento desde hace muchos años. Pagamos una parte del mismo. No deja de ser una discriminación. Y desde luego no ha sido el factor que ha permitido ninguna mejora de la asistencia sanitaria del país.

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